lunes, febrero 24, 2014

Quisiera haberte conocido, madre.

Quisiera haberte conocido, madre,
con tu mochila sobre el hombro
y tus trenzas
caminando hacia la escuela.
Quisiera haberte visto hacer tu tarea
o los garabatos de tu mano a tu cuaderno
sin miedo en los trazos de tus sueños:
soñando a ser maestra
soñando a ser bailarina
soñando a ser científica 
pero siempre jugando a ser mamá.
Y quisiera haberte visto 
nerviosa frente a él
con la garganta ahogada en tus palabras
y tu mirada baja.
Madre, me hubiese gustado hallarte así,
enamorada,
para decirte cuánto te mereces,
para decirte que busques quien te quiera
casi tanto como tú vas a quererme.
Te diría, madre,
no te cases con mi padre
porque vas a preguntarte el resto de tu vida
si tomaste la decisión que debías.
Y quisiera advertirte
así de novia frente al altar
y el corazón en la boca
que habrá días en que la vida
no será lo que creíste que sería
y los años nos van pesando.
Pero, madre,
así como me hubiese gustado verte reír
en la inocencia de tus mañanas,
me has hecho reír en tus tardes
(aun de lejos,
sigues iluminándome las noches).
Y sé que sabes, madre,
que todo ha valido la pena
que volverías a librar las batallas
que todos los días libraste
y sé que sabes
que me siento orgulloso
de poder decir
que al menos hoy, madre, te conozco.

domingo, octubre 27, 2013

Explícito.

Ah.
Ah.
Ah.
Oh.
Ah.
Son los gemidos de una mujer que no puedo tocar, y puedo jurar que se escuchan igualitos a los de Martina. Qué ojos tenía ella, y qué culo y qué piernas, pero qué culero nombre le tocó tener. Así se llamaba la madre de su padre, y por culpa de los padres de su abuela, a Martina siempre podía molestársele llamándola por su homónimo varón. Pero yo nunca lo hacía por molestarla, porque yo siempre la quise mucho (demasiado) e incluso llegué a decirle que tanto así la quería, que si fuese hombre dejaría que me cogiera al menos de vez en cuando. Y yo pensaba que era muy romántico el decirlo, pero ella me miraba extraño y luego se reía, y me decía que no fuera pendejo, que aun siendo hombre a él le gustaría que fuese yo quien lo cogiera. Y yo pienso que eso era todavía más romántico, y que nunca podré decir te quiero tan bien como lo haría Martín. Es entonces cuando pienso que quizás no era ese culo suyo sobre mis muslos ni esas piernas enredadas en mi cadera lo que amaba de ella, y pienso en todas las piernas y todos los culos que pudieron ser, pero que no eran, y en todo lo que, por no ser, sí fue. Así le decía al oído: "Martina, yo a ti te cogía aunque fueras otra, o aunque fueras otro", y creo que nunca entendió cuánto la quería nada más por lo que veía en sus ojos. Y ahora que escucho los gemidos de esa mujer —impotente, espectador—, pudiendo ser los de cualquier otra, puedo comenzar a confundirlos con los míos, y casi me río por la segregación de este mundo andrógino en el que vivimos. Ya estoy terminando.
Ah.
Ah.
Ah.

domingo, junio 30, 2013

Con todas estas cicatrices.

no me preocupan las batallas, 
todas esas bombas 
y cada bala que se dispara 
y acierta en mi piel 
de las guerras donde tantos mueren 
por dejarse caer. 
pero me asusta que no me vayas a querer 
con todas estas cicatrices 
con el brazo que pueda un día no tener 
para rodearte la cintura, 
y las piernas que me falten 
para seguirte los pasos. 

¿me quieres así 
marcado, mutilado 
por tantas minas que he pisado 
cuando llegue a donde estés 
y me veas así 
lastimado? 
ya que al final habré atravesado
aquella zona de combate 
para abrirme estas llagas 
para lacerarme el alma 
para que me laves las heridas 










 .................................................. ...............para que puedas curarlas.

domingo, abril 28, 2013

Quizás

Quizás debí quedarme en casa. Quizás debí haber ido a más fiestas. Quizás debí haber jugado más futbol en la prepa. Quizás debí haber dicho cosas que no dije. Quizás no debí enojarme tanto. Quizás debí ser más impulsivo. Quizás nunca debí dejar de llorar. Quizás debí querer menos. Quizás no había nada de malo en mí. Quizás debí haber dibujado más. Quizás sí era feliz. Quizás debí confiar más en la gente. Quizás debí confiar más en mí. Quizás debí abandonar algunas ilusiones. Quizás debí aferrarme a otras.

Quizás debí haber tenido una vida diferente. Quizás las cosas hubiesen podido salir mejor.
Pero me tocó que fuera esto lo que tengo que vivir, y ya no sirve pensar en lo que quizás pudo ser.

viernes, febrero 22, 2013

Era el '99 y me asustaba el fin del mundo.


Era el '99 y me asustaba el fin del mundo. 
...…Eso le dije
...…tomándola de las manos
...…y temblando.
…  Y ella me miró callada
…....…asintiendo quedito
...…tal vez sin darse cuenta
....   que sus ojos me decían: 
"También estoy asustada"

No quería morirme sin saber lo que era un beso.
…...Quería decirle, pero no me atrevía
…...porque quizás no era nadie para desafiar
….                    .............................   .a la vida
                     .............................     o a la muerte
               .............................           o a Dios. 
Sea lo que sea que se cernía sobre nuestras cabezas.
…   Pero le decía en el sudor de mis manos
…   y el silencio entre nuestras bocas
              (atrapado)
   …que sólo era un niño nervioso
…   al que le urgía ser un hombre.

…   Me dijo que sí
……      que estaba asustada
……      que no éramos nadie
…   con sus labios
…   pero sin decir nada.
Y así fue como acabó el mundo
…   así de corto y silencioso
un traslapo de respiraciones apenas descubiertas.
…   Y aun creyendo que todo terminaba
…   no sabíamos que un beso es siempre un comienzo

Pero que sí.
Todo acaba.

…   Puedo
……    sin embargo
…   volver a veces a esa tarde del '99
y verla clara a ella
…   aunque antes
        ........           y después de aquel recuerdo 
   …siempre la vi borrosa. 
…   Y puedo vivir un rato
   …en ese momento en que me sentía casi muerto
…   bajo el apocalipsis de las nubes y el cielo.
Pidiendo más tiempo
o que se pare el universo

nada más para un beso.


miércoles, diciembre 19, 2012

Cigarros / Castigo eterno.

........Aún hay noches en que recuerdo a la madre Carmen y la manera en que mis manos buscaban entre su hábito el despertar de una era, el refugio a mis dudas y erecciones inoportunas durante su sermón. Era ese manto negro lo que nos hacía imaginar ─a mí y todo niño-hombre sentado en un pupitre─ el movimiento de su cuerpo juvenil tras la cruz colgando de su cuello, la fricción de sus piernas al caminar por un pasillo vacío y la firmeza de sus senos, contra la cual ninguna otra monja en el instituto podía competir. Era muy bonita, o nos sentíamos cuando menos saciados por la juventud de su rostro y su risa, por su manera de rezar quedito y para sus adentros, como un suspiro para su propio alivio y no una imposición matutina para la grey ciega frente a ella. Nos hablaba de salvación eterna, y escuchándola queríamos rechazarla.
........Fue la vez que la sorprendí caminando hacia mí, en la soledad de un patio escolar acabadas las clases y el humo de un cigarro escapando como tos de mi garganta. Rogué a Dios, de manera más auténtica que nunca, que su furia no cayera sobre mí a través de ella, que no me condenara al infierno con los labios de tentación de su sierva. Miró en silencio las señales de humo saliendo de mi boca sin control, mis ojos llorosos en medio de un mar de piel rojiza y el temor en mis manos arrojando el cigarro al suelo para apoyar sobre él mi pie frenético como quien pisa un insecto. Y estábamos ahí, rodeados de nadie: un niño y su espejismo, un pecador y su redentor. Sin atreverme a hablar quise decirle que me perdonara, que no era lo que pensaba, que sí lo era, que me castigara, que era un hombre y no me importaba. Esperaba su condena, pero solo me sonrió, y quizás siempre fueron una misma cosa las dos. Me dijo con la misma voz en que predicaba cada oración, “ojalá te haya quedado otro para mí”, y sentí fe por primera vez. Fue el rozar de sus dedos con mi mano tambaleante, la ceniza encendiéndose y apagándose con cada inhalar desde su pecho y la manera en que el humo escapaba lento por sus labios, como caricia carente de soplido.
........Así nos reuníamos, en un patio vacío y un cigarro entre los dedos. Le decía, recostados sobre el pasto, que no siempre sentía a Dios en todos lados, y ella me respondía, apoyados contra alguna pared entre las sombras, qué tampoco lo hacía ella. Éramos dos extraños contando al otro todo lo que nunca fuimos, y sentía en cada palabra que se callaba una tristeza más allá de toda religión y toda iglesia. Podían escucharse entre los pasillos rumores de mil pasados que le pertenecían, historias que iban desde conventos y templos hasta calles que preferían no estar iluminadas, hasta vidas más duras de lo que cualquiera comprendía o imaginaba. Y todos anhelaban compartir cuantos pedazos de ella podían, ingeniándose versiones que se contradecían y se multiplicaban entre sus hechos de fantasía, pero nadie se atrevía a creer tan sólo en una. Se convirtió, sin darse cuenta, en la historia favorita de todos, la fascinación de lo desconocido, de lo que no se entiende; su imagen se volvió la visión que nadie quería realmente alcanzar y desenmascarar, sino que revoloteaban sobre ella sin perderla nunca de vista. Y quizás le pesaba aquella responsabilidad de ídolo, de alimentar con la ilusión que se le fue impuesta las mentes de todos: ser pureza esperando ser corrompida y malicia disfrazada de ángel.
........El viento de una tarde otoñal nos mantuvo juntos contra el pilar que nos hacía defensa contra el mundo, y nuestros cuerpos se oprimieron bajo un contacto que ninguno de los dos rompía, con la fricción de nuestros costados envuelta por el humo que el viento empujaba a prisa y se perdía para siempre. Y así en la cercanía me miraba, como rogando por un perdón, por una paz interna que nunca había encontrado y por cuya búsqueda ya se encontraba muy cansada. Nos besamos con labios calientes y mejillas frías, buscando en nuestras bocas el calor que prometía el final de sus dudas y el inicio de las mías, y se concretó en mí el deseo carnal que me acercaba tanto a lo indebido, a un castigo eterno que ya no me asustaba. Me entregué a su abrazo en el silencio del viento soplando a nuestro alrededor, y en su pecho me sentí salvado. Así se volvió aquello parte de nuestro ritual en cada encuentro, y en los puñados de ella a los que mis manos se aferraban descubrí la vida que me seguía y nos seguía a todos, la fiebre que recorría el cuerpo y lo movía con el instinto primitivo de dos piezas que finalmente encajan. Cada ocasión en que sus manos paseaban por mi espalda y jugaban con los botones de mi uniforme me alejaba más de la inocencia que portaba como estigma, y con mis labios y mis manos le decía que ya no la quería, que el hombre dentro de mí ya no la necesitaba, y así le dije adiós.

domingo, septiembre 30, 2012

Última carta de amor.

....Te dejo ir no porque no te quiero, sino porque te quiero lo suficiente. Conté muchos días y doblé todas sus noches, en pensarte y recordarte y extrañarte y querer olvidarte, en iglesias y albercas y billares y tequila. Hubo una historia completa entre los espacios que nos sobraban de vida, donde el inicio fue muy corto y el final fue muy amargo, y el acabar de cada capítulo me dejó siempre sin aliento. Al terminar te quiero como te quise cuando empezó todo, y te regalo cada suspiro y cada lágrima y cada sonrisa y cada latido y cada abrazo y cada mañana de esperar tu llegada. Te dejo ir porque hay alguien más que te espera, y puedes llevarte todo lo que me diste para dárselo a ella. Yo estaré bien, yo aprenderé a soltarte persona a persona en cuyos ojos quiera encontrarme con los tuyos. Y habrá un día en que ya no te estaré sujetando en ninguno de mis pasos, y me bastará haber vivido sólo y todo lo que me tocó vivir contigo. Te dejo ir para que te vaya muy bien sin mí, porque algún día volveremos a encontrarnos y te quiero encontrar feliz.

miércoles, agosto 29, 2012

Los conejos.

i.

─¿A qué has entrado? ¿Ya acabaste de cavar el agujero?
─No, pero ya casi. Tengo hambre, ¿puedo comer antes?
─Sí, pero que sea rápido y luego terminas, que el cuerpo ya se nos está pudriendo; ¿hueles?
─Sí.
─Si nos tardamos más se nos va a terminar de pudrir aquí adentro, y la casa va a oler a muerto hasta quién sabe cuándo.
─Esto está frío.
─Ahorita todo te va a saber frío, pero está bueno. Anda, ya acaba.
─¿Podemos enterrarlo con las piernas dobladas? El agujero ya casi llega hasta el arbusto donde viven los conejos y no es muy grande.
─Cava hasta donde se necesite.
─Pero los conejos...
─Dónde vivirán los conejos no importa tanto como dónde dormirá el muerto. Ya has comido suficiente; anda, ve y acaba.
─Sí, mamá.
ii.
se fue sin aire
sin calor, sin nada
recuerdos en las manos
mi cara en los ojos
...........en las venas
...........en el suspiro
se fue de mañana
(pero seguía aquí noche
tras noche
tras cada tarde
y cada mañana)

pensaba que cada respiro
grisáceo en el aire frío
era su fantasma
iii.
........"Aquí solía haber sauces, los más grandes y los más verdes que han habido, pero ahora ya no queda nada. Quizás vinieron a talarlos cuando la gente necesitaba leña, o se murieron en uno de esos inviernos donde nada queda vivo. Yo no los recuerdo, nunca los vi; todo me lo dijo mi padre. No sé si su padre se lo dijo a él. Pero aquí estuvieron esos sauces, te das cuenta por cómo está movida la tierra. Ya no van a volver a crecer ─dudo que cualquier cosa vuelva a crecer aquí ahora─, pero aquí estuvieron esos sauces."

ME IMPORTAN UN CARAJO LOS SAUCES Y LA GENTE Y LA LEÑA Y LOS INVIERNOS Y TU PADRE Y SU PADRE Y LA TIERRA MOVIDA.
ME IMPORTAN UN CARAJO TUS SAUCES.
iv.
─Mamá, ¿por qué hay tantos conejos que vienen a la casa?
─Vienen de más lejos, de allá del bosque. Tú no lo has visto porque ya casi no hay bosque, pero si no es de ahí no sé de dónde vendrían.
─¿Por qué vienen aquí? ¿No les gusta el bosque?
─Yo creo que no, si vienen aquí nada más para morirse.
v.
Estabas triste
...............o no
Extrañabas el pueblo que te quedaste a ver partir
.................................................. ......................o no
Matabas a los conejos
.............................o no
Se te resbaló el hacha de las manos
.................................................. .o no.

papá
¿por qué al caer las noches
ya no me abrazabas?
vi.
........El niño y la madre arrastraron el cuerpo a través de la tierra suelta y húmeda. Los pies del muerto iban formando un camino que la mujer esparcía después ─quizás sin querer─ con sus propios pies. El hoyo no era muy grande, pero era lo suficientemente profundo para que las lluvias del verano no le asomaran el cielo al muerto. El arbusto de los conejos reposaba con sus raíces al aire mientras el viento las acariciaba. El niño a un extremo y la madre al otro, dejaron caer pesado el cuerpo dentro del agujero; la herida en la cabeza ya pululaba de moscas y pequeños insectos. "Echa toda la tierra que cavaste encima", dijo la madre, "después ven a rezar". Y se fue. El niño contempló el cadáver mientras un conejo salía del arbusto muerto y brincaba a la sepultura. Comenzó a roer la herida ya podrida, y el niño observó. Del arbusto salieron más conejos y todos brincaban al interior del agujero para comerse al muerto. Mordían su piel abierta, sus ojos, sus manos y piernas, sus entrañas. El niño levantó la primera pala de tierra suelta y la dejó caer suave a la tumba, ensuciando a los conejos. Pero no dejaron de comerse al muerto. El niño siguió echando tierra al hoyo hasta que ya no existía sino un parche de tierra húmeda frente a él; ningún conejo salió. El niño dejó la pala y caminó de regreso a la casa, donde rezó mientras roían al muerto.

miércoles, junio 27, 2012

Olvido y humo.

Carlos enciende un cigarro y las primeras cenizas se pierden en el viento de una madrugada nublada. Ha dado cinco pasos fuera del balcón, cinco pasos lejos del Cristo crucificado que le dio su madre y una distancia sin medidas de su fe. Hay una mujer aún durmiendo en la cama, una mujer con nombre y rostro como muchas antes que ella, pero nunca importó. Ha habido nombres tras fechas tras besos tras heridas, y despertar es siempre una mezcla homogénea, un todo que ha dejado al cuerpo muy cansado, al alma exhausta. En un exhalar se escapa el humo de la garganta y se dispersa por el cielo hasta que ya no existe: empezó innombrable y le siguió alguna María, con tardes de Amaranta, noches de Soledad y alguna Lucía en el camino; ha habido mordidas en el cuello y bostezos sobre el cuerpo, o dolores en el pecho cuando quiere escapar un nombre por semanas ausente. Carlos mira la mañana que lo rodea, preguntándose cuándo verá un amanecer. Bajo cada nube encuentra un remordimiento que creía haber enterrado ayer, el mismo que ha venido enterrando tras cada dormir sin sueño y cada cigarro en el balcón. Es un pasado que por hoy enterrará de nuevo, para ver si de él germina un futuro que jamás vio crecer. Habrá más nubes y habrá más mañanas, habrá más Lauras y Leonores y Dianas y Sandras, habrá más pasos ─cada vez más lejos─ afuera del balcón y más humo que algún día algo habrá de pesar. Se enciende la ceniza con una última bocanada y desaparece esa entidad de aire en una danza hacia todos y ningún lado. Carlos siente la mañana en sus pulmones y camina de regreso adentro, a la cama, al Cristo, a la mujer: a cualquier lugar donde ésta no pueda encontrarlo.

martes, marzo 20, 2012

Entre queriendo y no querer.

....Debió ser eso: nos fuimos desgastando. Inventamos miradas de te quiero como quien no sabe decirlo y abrazos medio entregados. Fuimos ondas silenciosas, emitiendo siempre al otro un mensaje difuso, entre queriendo llegar y queriendo quedarse, y al final un no saber ya nada. Hubo amaneceres llenos de tus sonrisas (y no sé si sabías que las ibas derramando; había una por acá y otras más allá) y deseos interminables con sus noches de tu ausencia, de realidades enmarañadas que no te veían llegar. Nacimos de cada conversación, de cada chiste y cada risa, de tus ojos en los míos; nacimos de estar juntos y del tiempo que nos faltó estarlo. Fuimos magia y un milagro que pasó desapercibido, atrapados en una conversación de madrugada con la voz apagada y el cariño en las palabras. Nos fuimos queriendo así sin saber cómo querernos, perdiéndonos en cada intento fallido y promesas jamás entregadas, ya sin vernos uno al otro, esparcidos en la confusión de algún recuerdo, lejos de poder encontrarnos.

Y fuimos entonces un sigilo
─un último cuídate atrapado en la garganta─ más callado que el viento y nuestras respiraciones, más callado aún que las miradas. Y entonces ya no fuimos nada.

jueves, febrero 16, 2012

Tuve la suerte de conocerte.

Hoy, mi mamá llamó para decirme que mi abuelo murió.
......Ya pasaba de los ochenta años, era diabético y tenía el mal de Parkinson. Llevaba tiempo que se le olvidaban las cosas, en que nos asustaba a todos un día cualquiera tras haberse caído. Uno pensaría que era ya un hombre gastado, debilitado, pero la verdad es que ha sido uno de los hombres más fuertes que he conocido. Recuerdo cuando de niño lo visitaba, él siempre me saludaba atrapándome entre sus brazos, me decía que era más fuerte que Superman y que nunca me iba a poder escapar. Siempre que me veía con un nuevo corte de cabello, me decía que no debía haberme dejado, que a la otra le hablara y entre los dos nos los sonábamos. Raras veces fue necesario que mis padres le pidieran que nos llevara o recogiera de la escuela a mí y a mis hermanas, pero siempre que lo hacía nos ponía algún billete en la mano antes de que bajáramos del auto, “para que te compres una soda o unas papitas”, nos decía.
......Le encantaba leer. La pregunta obligatoria al verlo era siempre “¿Y qué estás leyendo?”, y yo me sentía orgulloso de poder responderle siquiera con esas novelas que a él no le habrían interesado. Me contaba que su papá siempre le dijo que era importante nunca dejar de leer, aun si tenía que ser anuncios en el periódico. Cada vez que estábamos en su casa y el tema salía al aire, me decía que viera los libros que tenía en su librero, que agarrara el que más me gustara y, cuando lo terminara, volviera por otro. Por supuesto, nunca tomé ninguna de sus novelas políticas o ensayos sobre la vida; a mí no me interesaban sus libros. Un día me anunció que iba a regalarme un libro que me ayudaría mucho, titulado “Hace falta un muchacho”, haciendo referencia a los negocios donde se solicitan asistentes. Como imaginé, el libro estaba lleno de normas para los virtuosos, de la conducta solidaria hacia los demás y hacia uno mismo, básicamente, del buen ser. Cuando me lo dio, escribió en la primera página la fecha y el evento con su letra temblorosa, tan frágil y bien intencionada como él: “Para César Andrés de su abuelo, Enero 17 del 2006”.
......Antes de colgar, mi mamá me dijo que debía hacer una oración por él. No soy muy devoto de la religión, no acostumbro rezar, pero sentí que esta vez era necesario, si no por mis creencias, por el respeto a la suyas. Después de las oraciones preestablecidas, llegó el momento en que siempre me pareció que debe uno dirigirse a Dios con sus propias palabras, pero me di cuenta que no sabía qué decir. ¿Qué podía decirle a Dios acerca del abuelo que siempre me tuvo en su pensamiento, que siempre estuvo ahí con su puntualidad y rectitud para lo que necesitara, que siempre me quiso y se negaba a encontrar defecto alguno en mí? De niño nunca podía escapar de sus brazos, siempre era muy fuerte como para dejarme ir; ahora me doy cuenta que nunca tuve oportunidad de escapar, pero ya dejé de intentar. Así, pensando en todo lo que me dio ─mucho más de lo que algún día alcanzaré a apreciar─ y las historias que ya nunca podré preguntarle, recordando su voz y sus ojos, la fuerza con que hizo posible todo lo que soy desde antes que naciera, solo pude decirle a Dios: gracias.
......Vaya a donde vaya, estás presente, abuelito.

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martes, febrero 14, 2012

La niña amaneció enamorada.

.......La niña está enferma, la pescó el amor. Sufrió una calentura hasta las entrañas y germinó mariposas en la panza. Ya le llora la mamá; el papá está que no puede hablar, la abraza y no la quiere soltar. Ya nadie sabe qué será de ella, nadie se atreve a advertirle sobre los llantos, las tardes que no van a llegar, sobre cuánto puede durar un momento y los olvidos, o las esperas que no verá acabar. La niña no sabe, por eso no le duele ni se queja ─todavía─, “pero ay, cómo va a sufrir” gime la madre con la mano acurrucando el pecho, como si le doliera el recuerdo. Pero la niña le dice: es que lo quiero tanto, y no sé por qué, pero siempre pienso en él, y no sé por qué, pero todo lo demás no importa ya; ya lo encontré (dice ya como delirando, la pobre niña): estaba en las canciones que antes no decían nada, en cada palabra que escapa de mi garganta.
.......─Desde que lo conozco, la vida ya no se me ha hecho larga.

.......Ya aprenderá ella lo que es un corazón roto que se atora cuando uno habla, lo que es querer estar muerto, o sentirte muerto, o sentir que la muerte nada más no llega. La niña no sabe cuán feliz puede llegar a ser, cuánto va a vivir antes de ya no querer sentir; no sabe que, al final, no se va a arrepentir. Pero eso le queda aún muy lejos; hoy ha amanecido enamorada, y no hay cómo curarla.

sábado, diciembre 24, 2011

Jo, jo, jo.

Los niños están arropados y los regalos los están esperando; papá se ha comido las galletas y duerme sabiendo que en unas horas lo despertarán gritos de alegría. Jo, jo, jo… feliz navidad. Las ratas chillan y los autos rechinan, un pavo se cocina, hay estómagos vacíos. Un hombre brinda por su triunfo, otro mendiga sus problemas; que se prenda una fogata ─en cualquier calle, en cualquier chimenea─ y se recuerde lo que se quiere. La nieve cubre las calles y sus imperfecciones, y la gente camina sin querer verse las caras (porque ya tienen a quien necesitan) para que haga más frío, para sentir que sirve más abrigarse y abrazarse. Jo, jo, jo… feliz navidad. Una madre le da un beso en la frente a su hija, el único regalo que puede darle, y miles de niños yacen inertes de muerte. El mundo se está acabando, se lee en boca de todos, y la gente mata y la gente duda. Hay putas bailando bajo el muérdago en burdeles, hombres sonriendo ante sus piernas abiertas y sus familias que los esperan. Y al final del día, al final de la noche, con otro año sobre los hombros y papeles rotos sobre el piso de la sala, hay quienes duermen y quienes pretenden. Buenas noches para los niños, que esperarán el sonido de cascabeles que nunca llegará. Un trineo, un grito largo y silencioso en la oscuridad, una copa de champán. Jo, jo, jo… feliz navidad.

lunes, diciembre 05, 2011

Se nos muere la Cleotilde.

Pasó la flaca temprano para avisarnos: se nos muere la Cleotilde. Ay, qué triste, pero mira que ya nos había
durado, la condenada, y mi madre no dice nada. Ya se han reunido todos en la sala de su casa, y uno a uno
los invita a verla. Allá anda llorando Nena, que hace años ni pensaba en la Cleotilde, y sale del cuarto
Ángel, pálido, así como debe estar la anciana en su cama. Ha vivido tanto que puedes contar los años en las
arrugas de su rostro, y tiene más historias en los labios que brillo en sus ojos ─cuando ya has visto todo,
empiezas a ya no ver nada, nos decía como dormida─. Ya se había quedado sola, la pobre, y no se
acordaba de muchas cosas; quizás ahora se pregunta quiénes somos esta bola de personas, y por qué todo le
duele. Ya me toca verla (llenarme de angustia), y apenas entro al cuarto, ¡ay, Cleotilde, qué lejos estás ahí
en tu cama! Vieja, nunca supe mirarte a los ojos como la vida detrás de ellos lo merecía, y hoy que te he
querido tanto los mantienes cerrados. Nunca te conocí, Cleotilde, y ya nadie podrá hacerlo nunca. Parece
que nadie recordó que tal vez tú no nos habías olvidado, y ahora estás temblando, como suspirando un
abrazo con tus manos. Ya vete: con tus fotografías, con tus discos y tus vestidos, con tu sonrisa cansada y
tus párpados pesados. Ya vete, Cleotilde, y solo déjanos el recuerdo. Así sin palabras me voy, y así se
queda la anciana para que alguien más pase y la vea esperando ya estar muerta. Vieja, supe que te quise
hasta que te fuiste.

viernes, noviembre 04, 2011

Pero no te olvido.

Entiéndeme, Susana, cuando no recuerde tu nombre en la mañana. Querrás reírte (pero no lo harás, porque estarás muy enojada) cuando me veas esforzarme por culparlo casi todo: tus manos que me tocan como otras me han tocado, estas drogas con las que pretendemos acercarnos, la resaca de otra noche de parranda, la memoria de mi madre y la ausencia de mi padre; por supuesto, tú no podrás creerme nada, porque me conoces mejor de lo que me he conocido y nada de esto importa. No, Susana, mañana no sabré cómo te llamas, ni lo sabré tras otro beso u otra lágrima sobre tu almohada.
Los nombres nunca fueron importantes,
te diré al oído, con la voz sobre la piel, y ya nada. Discúlpame por la mirada estrellada contra la sábana, o mis manos temblando, como tanteando en la oscuridad por alcanzarte. Así nos fuimos convirtiendo en frecuencias inauditas, colosos de tiempo cuyos nombres nunca importaron (ya te lo dije). Así que olvídalo, Susana, desde esta noche, desde este instante y este rincón de tu recámara, que si me quieres casi tanto como te quiero ─y sé que sí, porque no nos hemos dado por vencidos─, me dirás que está bien, me sonreirás; atrofiaste mi memoria, pero no cada recuerdo que nos cambió.

domingo, octubre 02, 2011

"La fama te quita todo, nunca seas famoso"

Dile a mamá que sí la extraño. Que no venga, dile, porque no encontrará a quien despidió, y cuando no me reconozca y deba decirle “soy yo, tu hijo”… ah, no tendré el corazón. Dile que todavía la quiero, mucho, que siempre la voy a querer. Dile que luché por no perderme, que hubo curvas repentinas, subidas y bajadas que disfrazaron mi horizonte, y que al final ya estaba muy desorientado para continuar ─mucho más para regresar─. No le mientas, pero dile verdades incompletas: que estoy vivo, que aún recuerdo cada beso que me dio; no le menciones mis ojeras, ella no querrá saberlas. Dile que dije estas palabras y que no murieron en el sarcófago de papel que construí para mis recuerdos. Hermana, dile a mamá que tenía razón y cuánto lo lamento, que no desee olvidarme aún si pudiera hacerlo, que si un día soñé con ser grande, lo soñé por ella. Y si sirve de consuelo, dile que soy feliz como antes intenté y fallé serlo; que si logré llegar a donde he llegado, ver lo que he visto y sentir lo que he sentido, todo ha sido gracias a ella.

lunes, agosto 08, 2011

Lo que somos.

Somos la estirpe olvidada de una civilización que nadie extraña; somos el aullido solitario de un lobo estepario. Somos la alabanza de un dios desterrado de toda lengua y la nación escondida bajo la negligencia de su propia gente. Somos el grito de una madre dando a luz y el chillido de su cría cuando al fin respira. Somos la plaza en ruinas de una ciudad abandonada; somos las sombras impregnadas en la tierra y piedra por una bomba. Somos el segundo antes de despertar de un sueño, la canción de cuna tras un aborto. Somos la necesidad de amar y la necedad por nunca hacerlo; somos el retrato de un artista muerto sin ningún reconocimiento. Somos la primera bala que se dispara en cada guerra y la última gota de sangre derramada por vencerla. Somos el himno silencioso de cada patria demacrada; somos la nostalgia de volver a casa. Somos un átomo en el universo, una estrella que se extingue, su luz que no termina de viajar. Somos una despedida sin lágrimas y la memoria que se va lejos y se apaga. Somos este abrazo débil y el silencio que lo rodea; somos los minutos que nunca se volvieron horas. Somos estas letras y el espacio entre ellas: somos la voz inaudible de la ciudad que nos vio crecer y los muros que nos contuvieron.
Somos un recuerdo.

miércoles, julio 27, 2011

Gracias.

No soy muy paciente. Juzgo mucho a la gente y me cuesta cambiar de opinión. Soy terco y cínico. No puedo hablar de muchas cosas y soy aburrido si no conozco bien a alguien. Soy inconforme y casi nunca estoy satisfecho. Me gusta ser dramático aun cuando sé lo molesto que resulta. Soy pretencioso y siempre espero reconocimiento por cosas que no lo ameritan. Tengo un humor simple y fácil de fastidiar. No sé pedir perdón o aceptar que me equivoqué. Soy orgulloso. Me da miedo probar cosas nuevas. Me da miedo cambiar.
Gracias a los que, con todo esto, permanecen a mi lado.

domingo, mayo 22, 2011

No me dejes extrañarte.

Vas a extrañarme: cuando no haya quién se disfrace de Dalí en Halloween, cuando nadie te actualice rato a rato una lectura del Quijote. Cuando estemos lejos y pienses en mí, pensarás los detalles que nunca pensaste antes, como mis dedos acariciando tus orejas y la invitación a cenar incansable que no cumpliste. Cuánto me querrás entonces, cuando te percates en la falta de fuerza de todas las miradas y que, ahora te das cuenta, siempre estuvo en la mía si te miraba. ¿Qué si se vacía el tanque en visitarte? ¿Qué si me sorprende la madrugada barriendo escombros a tu lado? Extrañarás decirme no, y la promesa en mi garganta de siempre volver a intentarlo. Y anhelarás lo que un día dejaste soñar al aire: Europa en nuestras espaldas y un tren bajo los pies. Quizás debí ser piloto para volar contigo por el mundo, en el calor de un abrazo y un beso jamás entregado. Pero estaremos lejos, casi olvidados ─como un recuerdo─, enmendando al mundo tras cada veredicto, lejos de mis manos y los parpadeos en que casi pueda verte. Será entonces, con mil memorias bajo la almohada, que imaginarás cómo habría sido: películas a blanco y negro sosteniendo nuestras manos, discusiones absurdas (donde yo pretenda saber mucho de política y tú no lo suficiente), tres hijas con tus ojos y tu cabello, para nunca cortarlo, y un cielo que nos ve hacernos viejos para entonces recordarnos, lejos.
No me extrañes, ni a mis bigotes mal pegados sobre mis labios, ni a mis libros. No pienses con lejanía en mis detalles, ni en mis dedos al tocar tu piel, ni a la conversación entre el colisionar de los cubiertos. No me quieras hasta entonces, ni a la fuerza de mis ojos en tu rostro que nunca encontraste en otro. Porque seré yo quien esté ahí: para pasear con tus pasos por Madrid y respirar uno con otro frente a las luces de París, para ser tu piloto y quererte en cada rincón del mundo.
No, no me dejes extrañarte.

lunes, mayo 16, 2011

texto apócrifo número uno

Lo supe así,
mientras dormías,
y se iba oxidando el tiempo en los lunares de tu espalda.
Y yo me derretía.
Y dices ahora, cuando se nos frena el tiempo
─así, vueltos Dalí─
“yo siempre te he querido,
como a una blanca con puntillo, como a una tilde impresa;
te he querido hace mil recuerdos
y una sonrisa, y diez uñas en mi espalda”,
porque te gusta enamorarme
y pasearme entre tu cielo
(que ya casi es mío, cuando quieras compartirlo).
Así penumbra tras penumbra,
o balcón de Julieta
y un Romeo que te regala pizza,
no sé qué responderte.

Eres tú, como aire en mi bicicleta
(como aire en mis pulmones)
que se vuelve impulso en cada beso.
Empujándome.
Y si no hay mañana, yo te lo construyo;
si no hay brisa, te comparto de mi aliento.
¿No es ésta la promesa?
Y con ojos ciegos, caminamos hacia ella.
(psst,
eres mi estrella)

Disculpa si se me va la vida en quererte,
en pensarte en mil instantes, eternas horas.
Me voy y te vas,
escurridos, vueltos Dalí, como un beso lanzado al viento.
Y te conviertes en tu madre
cuando me miras y, qué discreta,
me regalas con el ojo un guiño.
Y te quiero:
porque nadie más me regala guiños
porque de nadie más me rozan las piernas
....como danza secreta/invitación
porque me despiertas todas las mañanas
entre el calor del recuerdo
y la esperanza terca del futuro.