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martes, diciembre 21, 2010

El amor como antagonista de la amistad.

Una de las cosas que descubrí este 2010 es que si hay una cosa que deteste en el mundo, son los mandilones. Sí, esas cosas que las mujeres en una relación llevan colgando del brazo. Y no tengo problema alguno con que tengan tanto afecto por alguien ni que sean felices; si de ello se trata, por favor enamórense, estén con esa persona que los motiva a sobrellevar los días. Pero no olviden a todas las personas que los acompañaban antes, más específicamente, a los amigos que estaban con ustedes simplemente porque les gustaba hacerlo, sin ningún otro compromiso y sin necesidad de llegar a lo carnal. Y ellos dirán que no es su intención, o que siguen estando ahí para uno tanto como antes, pero lo cierto es que hay un distanciamiento, y para alguien que aprecia tanto una amistad como yo, que la necesita tanto, las distancias crecen demasiado rápido, y a veces es mejor decir adiós que pretender estar agusto con alguien que te hace sentir tan reemplazable.

Quizás exagero, tiendo a hacerlo, pero no veo tan descabellada la idea de mantener las amistades aún teniendo pareja, y es más que aceptable que la frecuencia con que los amigos se juntan disminuya, pero vamos, que sacrificar uno que otro día con la novia para tener una buena plática y risas no requiere de mucho esfuerzo. He perdido dos amigos hasta el momento gracias a esto, y tomando en cuenta el tiempo que me cuesta llamar a alguien mi amigo (para ganar confianza y ser yo plenamente), pues... es realmente una decepción que duele.
Tomen esto como consejo, lectura casual, para identificarse y que les valga madre o, como yo lo he hecho, un pequeño desahogo, que hace rato no publicaba uno.

domingo, julio 25, 2010

ayer pasaron diecinueve años

Ayer pasaron diecinueve años.
Por la madrugada conocí a muchas personas, pero no sabíamos nada. Y era bonito eso de no saber nada, porque no sabíamos a qué temer o qué buscar, no sabíamos que éramos tan frágiles. Muchos se habían ido cuando amaneció; creo que fue cuando aprendimos a soñar. Cada quien se fue comiendo el mundo migaja por migaja, y muchos se apresuraron al sentir el vértigo de crecer: terminaron enfermos y con el estómago lleno. Yo nunca comí mucho, y siempre he sido delgado de vida. De cualquier manera, para la tarde ya sabían vivir enfermos, y les gustaba más que la salud. Permanecí enojado hasta la noche, queriendo estar enfermo sin atreverme. Pero me enamoré y ya nada importó, y aún al dormir seguía enamorado ─y esperando ser amado─.
Aun recordando diecinueve años ayer, siento que no ha pasado ni ese día; pero he aprendido algunas cosas:

1. Nada te hace sentir más fuerte que usar una capa de Batman (con todo y su máscara).
2. (Casi) todas las monjas son malvadas.
3. La gente cambia.
4. Sonreir siempre cansa, pero es un cansancio que vale la pena y la mejor recompenza cuando se logra en otro rostro.
5. No se confía en los que te escriben "123 conmigo", sino en los que te dicen "cuenta conmigo".
6. El pastel y las galletas saben siempre mejor con un vaso de leche.
7. El mejor cumplido es aquél que se puede dar uno mismo con sinceridad.
8. Es bueno enfermarse de vez en cuando, pero siempre teniendo el antídoto a mano.
9. Las mejores conversaciones no se tienen con la gente que más habla, sino con la que más lee y más escucha.

10. Al final, nunca se ha dicho suficiente.

Y mañana, esto habrá sido un instante.

domingo, junio 13, 2010

mera química

El carácter y la personalidad se derivan en gran parte de los genes obtenidos al momento de concepción. La locura ocurre debido a la malfunción de organismos específicos dentro del cuerpo que afectan la percepción de lo que se define como real. Las estadísticas han comprobado que la depresión y el pensamiento suicida pueden ser causados por un cambio en los polos magnéticos de la tierra.
Todo cuanto sentimos es, pues, una simple función química delineada por el funcionamiento básico del cuerpo humano. Los latidos del corazón aumentan su frecuencia debido a la excitación que los patrones del consciente marcan, y la tristeza y el estrés son hábitos que la mente practica.
A eso se reduce todo: fenómenos químicos dentro del cuerpo; neuronas, nervios y musculos que se contraen para crear las sensaciones que llamamos sentimientos.
Y me parece un tanto decepcionante que todas las emociones que nos unen y nos hacen suspirar frente a un mismo cielo estrellado sean sólo productos de este sistema que llamamos cuerpo, que el rubor de nuestras mejillas que compensa por las palabras que se escapan en momentos de ilusión y nerviosismo sea sólo un efecto predeterminado y fisiológicamente común y falto de magia. Hemos hecho todo cuanto podemos por añadir romanticismo a los sentimientos, pero la verdad es que las mariposas en el estómago no son más que nervios exaltados, los corazones que casi saltan de nuestros pechos no es más que presión alta y adrenalina que el cerebro transmite, y los nudos en la garganta es sólo la sensación de nauseas y falta de aire por la traquea.
No sé, simplemente me deprime un poco pensar que no hay nada increíble en sentir, y que es una función tan simple como comer o notar las uñas crecer; pero qué me preocupo, seguramente sólo es un efecto secundario relacionado al magnetismo y sus polos.

viernes, abril 30, 2010

No llegamos hasta el final

Pero, ey, lo intentamos.

Las palabras se volvieron muy pesadas, perdieron esa levedad que nos hacía reir de la nada. Quizás fue el tiempo el que nos cambio, la brecha que que te volvió tan tú y a mí tan yo ─y mira que no somos tan viejos─: descubrí que no somos tan parecidos. Mis chistes ya no provocan esa risa instantanea que no era sino parte de la plática diaria, y los silencios perdieron su comodidad cuando agachamos la mirada; ya no puedo verte envejeciendo a mi lado con la simplicidad como nuestra cómplice. Esto es lo último que escribo de ti, y me llevo buenos recuerdos de salones de clase y paseos en bicicleta.

lunes, marzo 15, 2010

Qué graciosa es la mediocridad!

La audiencia del cine me tiene indignadísimo.

Últimamente, no puedo ir a ver una película en la pantalla grande (una de las experiencias más maravillosas en la vida) sin que ésta esté compañana por un grupo de adolescentes idiotas sin el más mínimo respeto por la presentación y el derecho de los demás presentes. Entiendo lo que es hacer ruido en esa sala donde el silencio reina ─o debería─ y reír junto a tus amigos, e incluso tengo recuerdos agradables que incluyen a algún empleado del cine pidiéndonos con toda severidad que nos marchemos de la sala. Pero la rebeldía de esa época acabó hace ya tiempo, quizás hace cuatro años y no había entrado siquiera a la preparatoria. Y lo que me encuentro ahora es gente de mi edad hablando tan fuerte como les es posible, y pareciera que se sienten forzados a hacerlo, porque dicen más de lo que normalmente piensan.
La película que vi esta vez pasada tenía, como cualquier otra, momentos de completo silencio donde la expresión de los actores lo era todo y el efecto de drama y suspenso se intensificaban a medido que todos esperaban en sus asientos el próximo movimiento, la próxima palabra que le daría sentido a todo; una mujer dijo fuertemente con la voz más molesta que pudo ingeniar hacer "oh, my gah, wats goin on?!". Por supuesto, se escucharon risas y el murmuro de varias personas. La emoción de los artistas que se presentaban como gigantes sólo para nosotros y el arte que nos ofrecían se vio instantaneamente ridiculizada, se fue ignorada y pisoteada por una mujer estúpida que dicidió actuar como sólo sería apropiado en una de sus pedas.
Muchos me tomarán por exagerado, ambiguo o anacrónico, pero estos pequeños hechos son para mí sólo una muestra más de la decadencia de la sociedad y la pérdida de los valores que bien podríamos usar para arreglar nuestra penosa situación. Y es que si no podemos respetar el derecho ajeno de nuestros semejantes durante dos horas, ¿cómo esperamos superarnos y progresar en lo que tarda una vida?

lunes, marzo 08, 2010

no sé si algún día te irás

Ha pasado alrededor de un año; no desde la primera vez que te vi, sino desde el día que me di cuenta que había quedado atrapado en un mundo donde tu sonrisa lo es todo. No sé cuándo fue que empecé a pensar en ti, mucho menos el porqué ─ése lo he buscado ya por tanto tiempo que me he resignado a encontrarlo algún día─, porque todo esto llegó tan subitamente que confundí las mariposas en mi estómago con nauseas. Y quizás, después de todo este tiempo, sean sólo eso: nauseas.

Sigo dándote tantos significados, sigo pensando en el destino cuando vienes a mi mente; sé mejor que antes que pierdo mi tiempo. Nunca hiciste nada para que esté yo diciendo estas cosas ahora, y nunca fue tu intención hacerme perder la visión de todo lo que no seas tú y quitarle el valor a toda cosa que no sean tus ojos. Probablemente ni siquiera sabes de mí y todo esto, pero creo que así es mejor.
Ha pasado alrededor de un año, y yo sigo tratando de olvidarte.

viernes, febrero 19, 2010

partículas perdidas

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Estaba pensando en mis viejos amigos de la secundaria. Esa ha sido, tal vez, la mejor época de mi vida, y todos los recuerdos me hacen sonreir. Creo que era la despreocupación, la ausencia de ese pensar "esto va acabar"; y es que cuanto más nos proponemos a disfrutar algo intencionalmente es cuando más nos invade la nostalgia, y ella es pésima compañera.
En fin, pensaba en ellos; hace tiempo no veo a muchos. Y qué triste que se hayan perdido de repente los elementos más importantes de ese tiempo en que fui tan feliz, como si me hubiera volteado sin querer un instante y el viento nos arrastró a todos. A pesar de que siento que ha pasado tan poco tiempo desde que andaba por los pasillos de la secundaria, sintiéndome el protagonista del mundo, me doy cuenta que tenía tan sólo catorce años. ¡Catorce años! Recordar todo me hace pensar que pasó ayer, pero pensar en esa edad me hace verme tan lejano de mí mismo.
¿Cuánto hemos crecido? ¿Qué tan diferentes somos de lo que fuimos? Y si volviera a verlos a todos, ¿qué tan extraños me serían; cuánto de lo que conocí en ellos seguiría vivo? Y es entonces cuando me acompaña la nostalgia.

miércoles, enero 06, 2010

decisiones

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A veces, todo parece ir en nuestra contra, y el mundo parece conspirar para que tomemos el camino más fácil.
Pero son aquéllos que se arriesgan a seguir su propia dirección los que más disfrutan el viaje.


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Fotos: ErinEatsCancer (www.abriskoutting.blogspot.com)

martes, octubre 13, 2009

qué amarga realidad.

No sé qué decir cuando alguien me mira a los ojos, no sé siquiera si hay algo que decir.

Ya aprendí a no culpar al tiempo por hacer su tarea y sólo pasar, ni al mundo por no girarse hasta que alguna luz me alcance. Y ya no tengo a quién culpar; me quedé solo con quejas y caprichos mal correspondidos. Pero no me canso de pedir un mundo perfecto ni un amor de película, no quiero ceder a mi terquedad de seguir buscando lo que la televisión me prometió encontrar y las novelas presuamían posible. Mas cada día que pasa, voy cayendo más y más en cuenta que éste es el mundo, y ésta es la vida. Quizás espero demasiado, quizás pido demasiado; y por ello el mundo se mantiene gritando a mi oído "¡confórmate ya, que no queda nada que encontrar!".

Cómo sufren las personas por tratar de contradecir esta verdad, y cómo se muere poco a poco sólo por intentar vivir de más.

domingo, julio 26, 2009

26 de Julio

El tiempo ha pasado, nuevamente, más rápido de lo que mi corazón creyó experimentar. Ha pasado un año más rico en recuerdos y memorias, que a su vez están llenos de sentimientos: llenos de viejos amores, de sonrisas que se comen al mundo y unas cuantas más que fueron fingidas, llenos de lágrimas desperdiciadas y algunas bien merecidas, llenos de abrazos cálidos y otros más de los que arrepentirse, llenos de miedo y de emoción, llenos de despertares que anhelaban ya un amanecer.
Y me descubrí, un día, lamentandome por el tiempo perdido y los momentos no aprovechados. Pero fui yo quien, después de todo, decidió dejarse llevar por el ocio y la desgana, y miró en silencio la vida escapando por sus dedos. Me lamenté por autoimponerme aquel lamento.
He decidido ahora cumplir la promesa que por mis adentros me había hecho. Quiero dejar de mirar lo vivido y ya no temerle a los remordimientos que alguna vez me persiguieron. Quiero mirar atrás y saber que viví, y tras pasearme por mis recuerdos, por mi infacia, por mis penas y alegrías, por los momentos en que me creí derrotado y los días que salí victorioso, por las noches de melancolía... quiero saber que he vivido y sonreir.

domingo, mayo 24, 2009

caminando entre la multitud.

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Es increíble el número de personas que conoceremos durante el tiempo que vivamos, y qué tan pocas serán aquellas que dejen sus huellas en nosotros.
Pero no pensemos ahora en las personas que cambiaran nuestras vidas; pensemos en aquellas que pudieron hacerlo, pero que por distintas razones no tuvieron la oportunidad. Pensemos en la mujer que camina a nuestro lado entre la multitud rutinaria, en el compañero de trabajo cuyo nombre nunca recordamos al saludarlo por la mañana, en el niño que jugaba en la fuente cuando caminabas por la plaza. Y sus vidas seguirán como lo hará la nuestra: sentirán amor, sufrirán decepciones, se alegrarán, los acompañará la soledad, abrirán los ojos una mañana para descubrir el cielo y después los cerrarán para no volver a verlo. Pero eso, nosotros, no lo sabremos. Los recordaremos como aquella mujer entre la multitud, el compañero de trabajo, el niño en la fuente; y los olvidaremos quizás unos minutos más tarde para nunca más recordarlos, para no recordar que sus vidas, siendo tan valiosas como las nuestras, nunca se tocaron. Y ellos no recordarán nuestros rostros, ni imaginarán en dónde estaremos cincuenta y siete horas más tarde. O, tal vez, jamás se percataron de que alguien vivió a su lado por una fracción de segundo.
Así seguirá la vida, como un monton de lineas que, pudiendo tocarse, se pasaron de largo.

lunes, mayo 04, 2009

muriendo

No sé si todo sea en vano, si mi lucha no tiene razón, si mi esfuerzo está siendo desperdiciado.

¿Qué tan malo es soñar un imposible? Intento mantener mis esperanzas vivas, mi ilusión intacta; sé que no ayudará en nada. En el fondo sé que me estoy engañando, sé que la realidad sigue siendo la tirana de mi vida, sé que el anhelar algo no lo hace cumplirse, sé que querer no es poder.
Y aún me empeño en ser un masoquista, en pensar que sí puedo y decepcionarme ante cada golpe que recibo. Porque aún cuando mis esperanzas fueron astutamente asesinadas, mi deseo sigue vivo, más fuerte cada día. 
¡Oh, qué mala jugada: matar la ilusión y alimentar el querer!  

jueves, marzo 12, 2009

Me siento estúpido.

El amor contradice todo lo que digo saber y me hace pasar el ridículo frente a mis propias ideas.

No sé si es amor, pero si lo es, habrá provado que no soy más que un hablador: que el amor a primera vista existe, que te puedes enamorar de alguien aun sabiendo nada de él, que su voz es la única que quieres escuchar, que los clichés siempre tuvieron razón.
Me asusta, me duele sentir esto.

jueves, febrero 05, 2009

Máscaras.

Me gusta creerme fuerte, independiente. 

Le digo a la gente que no me asusta el cambio, y que no me molesta la soledad. Me enorgullezco de afirmar que las miradas no me asfixian y que no siento temor hacia la vida. Y me gusta que me crean, y que me piensen alguien valiente y lleno de futuro, alguien que cambiará el mundo.
Pero estoy aterrado, y no puedo dejar de temblar. Y no me atrevo a exigirle nada al mundo, ni dejo que mi voz se eleve al cielo. Me asusta cambiar y perder más que lo perdido, y no tengo el valor para arriesgarme a vivir.
Pero, sobre todo, tengo miedo de hacer algo al respecto.

miércoles, diciembre 31, 2008

Otro año que queda atras.

Este 2008:

Sonreí y me estremecí.
Soñé y me decepcioné.
Sufrí y disfruté.
Amé y fui amado.
Odié y fui odiado.
Salvé y fui salvado.

Estas fechas siempre son las que escoge la nostalgia para venir y hospedarse en el lo más profundo de lo que soy, para hacerme sentir el corazón por la garganta. Porque me doy cuenta de lo relativo que es el tiempo, y de cómo pasa rapida e inadvertidamente frente a nuestros ojos. Y siento ganas de llorar cuando pienso en cada minuto, en cada segundo que desperdicié y que no se repetirá para remendar mis errores y mi desgana. 
¿Pero qué es la vida si no arrepentimiento, remoldimientos y mantenerse respirando por medio de recuerdos añorados?
Y aunque viví mil momentos amargos también estuvieron presentes momentos felices que me hicieron apreciar un poco el regalo de la vida. Cada minuto es una oportunidad más para cambiarlo todo, y una vez más se me fue dado un año entero. Tendré mis derrotas y victorias, y sufriré las consecuencias de mis actos y decisiones, así como he hecho año tras año. Y tengo miedo, y no me atrevo a afrotar lo que el cambio me depara, ¿pero desde cuando al tiempo le importa si estamos o no listos? Así pues, no me queda de otra mas que vivir e intentar apreciar el momento que nunca volverá y que sólo en mi mente podré revivir al momento en que la vida, después de parecer un parpadeo, me abandone.

Mis mejores deseos a todos en este año próximo.

sábado, diciembre 27, 2008

Felicidad

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No considero la felicidad como un estado, sino como una reacción corta. Y encuentro imposible vivir feliz en lugar de ser feliz viviendo. No, no trato de decir que soy infeliz ni que la plenitud es una meta inalcanzable. Sólo intento decir que la felicidad es como una estrella fugaz que cae en momentos específicos de nuestras vidas, para algunos más frecuentemente que para otros. 
Soñar con un amor perdido, oler las rosas de la ventana de junto, mirar el atardecer rodeado de extraños, escuchar una canción que habías olvidado; todo depende de quien seas para que un simple hecho, insignificante para muchos, se vuelva un segundo de extasis.
¿Y cómo saber lo que es la felicidad? ¿Cómo saber que lo que recorre nuestro cuerpo y nos cosquillea el alma es la felicidad? Sólo se requiere mirar atras, pensar en la belleza que nos rodea a cada minuto, y decir "soy feliz". No como un estado permanente, sino como un momento único e irrepetible que nos hace sentir que la vida, después de todo, vale la pena ser vivida.

viernes, diciembre 05, 2008

SAT

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Ahora que estoy bajo la presión de saber que mañana presentaré un examen que bien podría decidir gran parte de mi vida, me pongo a pensar: ¿realmente puede un examen mostrarle a alguien más las ganas y la pasión que sentimos?
Odio pensar que todo lo que somos y lo que podamos llegar a ser sea decidido por un pedazo de papel, donde muchos factores no planeados pueden alterar el numero de respuestas correctas, como el nerviosismo que hace temblar nuestra mano, o el límite de tiempo que nos hace apresurarnos muchas veces sin tiempo para realmente analizar; el perfeccionismo que nos invade y que nos hace atorarnos en una simple pregunta, cuya respuesta ya hemos descifrado, ¿pero cómo dejarla atras, si la respuesta se nos presentó tan rapidamente? 
Es un tanto tonto (o sólo exageración por mi parte) que puedas ser juzgado por eso, y que tus oportunidades se redujan por una respuesta erronea. Es injusto no poder mostrar realmente lo mucho que deseas triunfar, y lo mucho que le temes al fracaso. Y me siento tan impotente ahora mismo, porque no puedo mostrar mi pasión por la vida y lo que esta tiene para ofrecerme, porque no puedo mostrar lo que sé, sino lo que creo saber.