viernes, noviembre 04, 2011

Pero no te olvido.

Entiéndeme, Susana, cuando no recuerde tu nombre en la mañana. Querrás reírte (pero no lo harás, porque estarás muy enojada) cuando me veas esforzarme por culparlo casi todo: tus manos que me tocan como otras me han tocado, estas drogas con las que pretendemos acercarnos, la resaca de otra noche de parranda, la memoria de mi madre y la ausencia de mi padre; por supuesto, tú no podrás creerme nada, porque me conoces mejor de lo que me he conocido y nada de esto importa. No, Susana, mañana no sabré cómo te llamas, ni lo sabré tras otro beso u otra lágrima sobre tu almohada.
Los nombres nunca fueron importantes,
te diré al oído, con la voz sobre la piel, y ya nada. Discúlpame por la mirada estrellada contra la sábana, o mis manos temblando, como tanteando en la oscuridad por alcanzarte. Así nos fuimos convirtiendo en frecuencias inauditas, colosos de tiempo cuyos nombres nunca importaron (ya te lo dije). Así que olvídalo, Susana, desde esta noche, desde este instante y este rincón de tu recámara, que si me quieres casi tanto como te quiero ─y sé que sí, porque no nos hemos dado por vencidos─, me dirás que está bien, me sonreirás; atrofiaste mi memoria, pero no cada recuerdo que nos cambió.

domingo, octubre 02, 2011

"La fama te quita todo, nunca seas famoso"

Dile a mamá que sí la extraño. Que no venga, dile, porque no encontrará a quien despidió, y cuando no me reconozca y deba decirle “soy yo, tu hijo”… ah, no tendré el corazón. Dile que todavía la quiero, mucho, que siempre la voy a querer. Dile que luché por no perderme, que hubo curvas repentinas, subidas y bajadas que disfrazaron mi horizonte, y que al final ya estaba muy desorientado para continuar ─mucho más para regresar─. No le mientas, pero dile verdades incompletas: que estoy vivo, que aún recuerdo cada beso que me dio; no le menciones mis ojeras, ella no querrá saberlas. Dile que dije estas palabras y que no murieron en el sarcófago de papel que construí para mis recuerdos. Hermana, dile a mamá que tenía razón y cuánto lo lamento, que no desee olvidarme aún si pudiera hacerlo, que si un día soñé con ser grande, lo soñé por ella. Y si sirve de consuelo, dile que soy feliz como antes intenté y fallé serlo; que si logré llegar a donde he llegado, ver lo que he visto y sentir lo que he sentido, todo ha sido gracias a ella.

lunes, agosto 08, 2011

Lo que somos.

Somos la estirpe olvidada de una civilización que nadie extraña; somos el aullido solitario de un lobo estepario. Somos la alabanza de un dios desterrado de toda lengua y la nación escondida bajo la negligencia de su propia gente. Somos el grito de una madre dando a luz y el chillido de su cría cuando al fin respira. Somos la plaza en ruinas de una ciudad abandonada; somos las sombras impregnadas en la tierra y piedra por una bomba. Somos el segundo antes de despertar de un sueño, la canción de cuna tras un aborto. Somos la necesidad de amar y la necedad por nunca hacerlo; somos el retrato de un artista muerto sin ningún reconocimiento. Somos la primera bala que se dispara en cada guerra y la última gota de sangre derramada por vencerla. Somos el himno silencioso de cada patria demacrada; somos la nostalgia de volver a casa. Somos un átomo en el universo, una estrella que se extingue, su luz que no termina de viajar. Somos una despedida sin lágrimas y la memoria que se va lejos y se apaga. Somos este abrazo débil y el silencio que lo rodea; somos los minutos que nunca se volvieron horas. Somos estas letras y el espacio entre ellas: somos la voz inaudible de la ciudad que nos vio crecer y los muros que nos contuvieron.
Somos un recuerdo.

miércoles, julio 27, 2011

Gracias.

No soy muy paciente. Juzgo mucho a la gente y me cuesta cambiar de opinión. Soy terco y cínico. No puedo hablar de muchas cosas y soy aburrido si no conozco bien a alguien. Soy inconforme y casi nunca estoy satisfecho. Me gusta ser dramático aun cuando sé lo molesto que resulta. Soy pretencioso y siempre espero reconocimiento por cosas que no lo ameritan. Tengo un humor simple y fácil de fastidiar. No sé pedir perdón o aceptar que me equivoqué. Soy orgulloso. Me da miedo probar cosas nuevas. Me da miedo cambiar.
Gracias a los que, con todo esto, permanecen a mi lado.

domingo, mayo 22, 2011

No me dejes extrañarte.

Vas a extrañarme: cuando no haya quién se disfrace de Dalí en Halloween, cuando nadie te actualice rato a rato una lectura del Quijote. Cuando estemos lejos y pienses en mí, pensarás los detalles que nunca pensaste antes, como mis dedos acariciando tus orejas y la invitación a cenar incansable que no cumpliste. Cuánto me querrás entonces, cuando te percates en la falta de fuerza de todas las miradas y que, ahora te das cuenta, siempre estuvo en la mía si te miraba. ¿Qué si se vacía el tanque en visitarte? ¿Qué si me sorprende la madrugada barriendo escombros a tu lado? Extrañarás decirme no, y la promesa en mi garganta de siempre volver a intentarlo. Y anhelarás lo que un día dejaste soñar al aire: Europa en nuestras espaldas y un tren bajo los pies. Quizás debí ser piloto para volar contigo por el mundo, en el calor de un abrazo y un beso jamás entregado. Pero estaremos lejos, casi olvidados ─como un recuerdo─, enmendando al mundo tras cada veredicto, lejos de mis manos y los parpadeos en que casi pueda verte. Será entonces, con mil memorias bajo la almohada, que imaginarás cómo habría sido: películas a blanco y negro sosteniendo nuestras manos, discusiones absurdas (donde yo pretenda saber mucho de política y tú no lo suficiente), tres hijas con tus ojos y tu cabello, para nunca cortarlo, y un cielo que nos ve hacernos viejos para entonces recordarnos, lejos.
No me extrañes, ni a mis bigotes mal pegados sobre mis labios, ni a mis libros. No pienses con lejanía en mis detalles, ni en mis dedos al tocar tu piel, ni a la conversación entre el colisionar de los cubiertos. No me quieras hasta entonces, ni a la fuerza de mis ojos en tu rostro que nunca encontraste en otro. Porque seré yo quien esté ahí: para pasear con tus pasos por Madrid y respirar uno con otro frente a las luces de París, para ser tu piloto y quererte en cada rincón del mundo.
No, no me dejes extrañarte.

lunes, mayo 16, 2011

texto apócrifo número uno

Lo supe así,
mientras dormías,
y se iba oxidando el tiempo en los lunares de tu espalda.
Y yo me derretía.
Y dices ahora, cuando se nos frena el tiempo
─así, vueltos Dalí─
“yo siempre te he querido,
como a una blanca con puntillo, como a una tilde impresa;
te he querido hace mil recuerdos
y una sonrisa, y diez uñas en mi espalda”,
porque te gusta enamorarme
y pasearme entre tu cielo
(que ya casi es mío, cuando quieras compartirlo).
Así penumbra tras penumbra,
o balcón de Julieta
y un Romeo que te regala pizza,
no sé qué responderte.

Eres tú, como aire en mi bicicleta
(como aire en mis pulmones)
que se vuelve impulso en cada beso.
Empujándome.
Y si no hay mañana, yo te lo construyo;
si no hay brisa, te comparto de mi aliento.
¿No es ésta la promesa?
Y con ojos ciegos, caminamos hacia ella.
(psst,
eres mi estrella)

Disculpa si se me va la vida en quererte,
en pensarte en mil instantes, eternas horas.
Me voy y te vas,
escurridos, vueltos Dalí, como un beso lanzado al viento.
Y te conviertes en tu madre
cuando me miras y, qué discreta,
me regalas con el ojo un guiño.
Y te quiero:
porque nadie más me regala guiños
porque de nadie más me rozan las piernas
....como danza secreta/invitación
porque me despiertas todas las mañanas
entre el calor del recuerdo
y la esperanza terca del futuro.

martes, abril 05, 2011

La última y nos vamos, Billy.

Te servirán las margaritas, Billy, para el día en que te entierren y nadie se pose frente a tu lápida para leer tu nombre. Quizás de hoy en delante no sabrás cómo se debe terminar la vida, justo cuando lo necesitas, pero ya verás que la flaca es la mejor maestra para estas cosas, y uno el mejor estudiante si se tiene una cama tan cómoda como la tuya. Ya ves, Billy, que tus días de boca de lobo y tus noches a la luz de un cigarrillo te dejaron puras lágrimas en el rostro, de ésas que no se lloran en funerales ni en hospitales. Qué buena vida le arrebatamos al tiempo, ¿no? Si me preguntan, les diré que te fuiste sonriendo, y casi puedo prometerte que no podrán dudarlo; quién sabe, igual y hasta ellos sonrían cuando les cuente. No te pongas triste, Billy, que un ceño fruncido te pesa mucho, y vas a necesitar estar ligero cuando tengas que partir volando. Me voy a quedar aquí toda la noche, para que sepas que te quiero, y si te empieza a doler el cuerpo, te cuento historias de una ciudad que le dio el mundo a una persona cuando no tenía nada más que ofrecerle, y de luces de neón en calles vacías, desde hace mucho desiertas, de bicicletas empolvadas que se montaron sobre nubes y gritos de una madre al parque anunciando la cena que ya estaba servida. Y verás cómo entonces ya no duele tanto. Es que a mí, Billy, cuando estuviste a mi lado, tampoco me dolió tanto.